Agradezco ser mujer y haber nacido en este siglo…

Agradezco ser mujer y haber nacido en este siglo…

En otro siglo me hubiesen casado a la fuerza sin siquiera preguntarme si lo quiero o no.
En otro me hubiesen negado educación a sabiendas de mis deseos de conocimiento.
En otro me hubiesen ocultado y encerrado por vergüenza de que yo, una mujer, exprese sus opiniones.
En otro me hubiesen condenado al manicomio si amaba a otra mujer.
En otro me hubiesen intercambiado por mercancía o hecho un trueque para que otros se beneficien de mi bello sexo.
En otro los que profesaban una fe nueva y diferente a la mía me hubiese desnudado, atado a sus caballos y arrastrado por el centro de una ciudad en llamas, sin importarles si yo era joven o mayor.
En otro, no hace mucho, si mi piel era diferente al color de la del hombre blanco (y “civilizado, y “creyente” e “ilustrado”) me hubiesen cazado, enjaulado y exhibido junto con los que sobreviviesen de los míos en algún zoológico humano. Y me hubiesen tirado bananas.
En otro me hubiesen prendido fuego llamándome bruja y alegando que únicamente la sangre del Señor da curación.
Y en otro, de esto no me olvido, los ignorantes de mi etnia por mucho temor a la pobreza me hubiesen enterrado viva siendo una recién nacida.
En otro, e incluso también hoy en día y en todo lo ancho del mundo, me roban, me alejan de mi hogar, me despojan de mi identidad, aniquilan mis sueños, violentan mi cuerpo (mi templo sagrado) entre uno o entre varios; me desaparecen, me comercian, me embarazan a la fuerza y, a la fuerza, me despojan de mi hijos, amputan mi maternazgo, me echan de mi casa, me balean en un checkpoint, me ahogan en altamar, se burlan de mis prendas, se incomodan con mi físico, me cercenan algun miembro, me apedrean, me pegan, me invisibilizan cuando defiendo mis derechos. Y me castigan una y mil veces por mi género, o por mi forma de creer, o por la historia de mi pueblo, o por mi determinación a seguir en pie, o por mis ganas de educarme y realizarme, por el simple deseo de no callarme, de rechazar lo que no consiento, de no cumplir siquiera con las mínimas expectativas e imposiciones que por milenios los hombres y el engranaje de sus pesadas instituciones -con su personal mixto de pensamiento uniformado- pusieron durante tantos siglos sobre mi cabeza…

Agradezco profundamente ser mujer y madre en este siglo porque puedo elegir, y hacer, y hablar; y porque se que mi hija va a vivir una historia distinta a la mía pero, por sobre todo, una historia diferente a la de todas esas innumerables mujeres que estuvieron antes que nosotras y que, de alguna u otra manera, con mucho valor y determinación pelearon y dejaron su alma y sus anhelos por mejorar su propia existencia y la de otras mujeres en su misma situación.

 

Romina Yasmin Matuk.
Pandera Austral.

Todos los días en la vida de una mujer ser mujer y sentir sororidad por otras mujeres es un desafío difícil y a contramarcha pero, y al final, es sanador y gratificante.

Ay, los semitas…! Una reflexión sobre “razas” y sus eufemismos

Martin Luther King dijo una vez que la humanidad no puede continuar atada en la noche sin estrellas del racismo y de la guerra…. Luego, fue asesinado.

Con respecto al revuelo que ha surgido por la adhesión de los altos mandatarios de nuestro país (Argentina) a la definición de #antisemitismo de la Alianza para el Recuerdo del Holocausto el pasado 4 de junio (1), como muchxs he sentido la necesidad de expresarme al respecto y escribir un artículo a modo de ensayo, como suelo hacerlo, para que llegue a personas activistas o con las mismas inquietudes que las mías.

No lo he hecho, pero sí de lo que me detuve a reflexionar es de la defensa que se hace muchas veces de la propia estirpe, genos, ascendencia, etc. Me llamó mucho la atención un texto, el cual me lo han compartido y que han compartido contactos, y del que no dudo su intencionalidad, pero me parece que está incorrecto. El texto dice algo así:

“El semitismo es una raza, no una religión,
el árabe es de raza semita…”

No, es incorrecto. “Semitismo” de ninguna manera hace referencia a una raza. Semita es un adjetivo que se usa para designar una familia de diversas lenguas habladas en los continentes africanos y asiáticos… Pero, por los andamiajes y laberintos lingüísticos por donde se cuelan los discursos, hoy pareciera que una persona puede ser “semita” y automáticamente pertenecer a la confesión religiosa de patriarca Abraham. ¡Incluso siendo ateo!

Los seres humanos no se pueden clasificar en razas; hace mucho que se abandonó el paradigma racista de la antropología británica de principios del siglo XX. Ése fue un paradigma conveniente para que las potencias coloniales impongan, de manera externa, guerras intestinas en apariencia de afrentas raciales. Esas afrentas internas siempre desembocaron en conflictos sociales mucho mayores con consecuencias terribles para la sociedad que las padecía: abandono, pobreza y miseria: todo un cóctel propicio que preparaba el terreno para la convertir a esa región rica y devastada en un arca de servidumbre a la potencia foránea de turno. ¿O acaso no notaron nunca el racismo, elitismo y sensación fantasiosa de superioridad en los conflictos intestinos de ricos Estados (con corruptos representantes, por supuesto) que terminaron a la deriva política y luego con gobiernos títere…?

Racismo y conflicto van de la mano. La consecuencia es desidia y miseria: y así se facilita el futuro saqueo por parte de quienes imponen las divisiones.

Si hoy seguimos hablando de razas o compartiendo ese error, entonces tenemos que aceptar con beneplácito a todo ese orientalismo intelectual que denunció Edward Said en su magna obra, es decir, ese orientalismo académico que mira con desdén a su objeto de estudio y habla desde la superioridad servil a un Estado imperial. Un orientalismo, en definitiva, que estudia y clasifica a las personas, sus ceremonias, ritos y creencias para hallar sus falencias y debilidades y usarlas en su propio detrimento. Si seguimos esta ruta de pensamiento que acepta sin cuestionar que existen razas en el orden de la especie humana; deberemos de reconocer que hay “variedad de negros” como impusieron en los años ´90 del siglo XX los belgas en Ruanda, donde se masacraron miles de personas que se creían con pertenencia a los grupo artificiales tutsi y hutu. El racismo fue y es una herramienta de desorden y caos que desestabiliza la solidaridad orgánica de una región para beneficiar a un tercero ajeno y afanoso.
Creer que existen diferentes razas humanas es aceptar la superioridad que tuvieron los blanco-cristiano-alemanes facistas contra todo aquel que no pertenecía a sus convicciones. Es aceptar la teoría supremacista que impone un color sobre el otro. Es legitimar también que quienes ocupan actualmente Palestina son superiores que los propios nativos del lugar. Una superioridad a fuerza de violencia y lazos comerciales con otras potencias. Y escudada en la moral religiosa.

Pensar que actualmente existen diferentes razas no solo da rienda suelta a una gradación que oscila entre mejores y peores, sino que -y esto es lo principal- oculta de manera solapada a los sectores alineados con el Poder que producen un sentido de la realidad (las más de las veces un sentido distorsionado) que mediante la propaganda, los medios, las novelas, las películas, la música y todo lo culturalmente aceptable y mainstream llega a las masas reproductoras de toda forma y contenido.
Y, por último, aceptar sin mera crítica que hay razas, supone también convalidar que hay ventaja genérica, es decir, superioridad de un género sobre otro. Bueno, de esto no hay que sorprenderse: el racismo no solo es paternalista con las sociedades que considera menos desarrolladas, sino que el racismo es absolutamente patriarcal, machista y misógino. La historia de toda la humanidad desde épocas remotas hasta nuestra actualidad da claras muestras de la opresión, comercio, esclavitud, servidumbre y disfrute que fue y es la mujer para el hombre.

El racismo no es una categorización biológica ética y científicamente correcta para observar los diferentes grupos humanos. Suscribir a la teoría racista o la cuestión de razas es simpatizar y avalar un sistema de ideas, discursos y actos que se le atribuyen a otras personas con el fin de deshumanizarlos completamente para justificar y legitimar la discriminación, la estigmatización, la segregación, la exclusión, el exterminio, los desplazamientos forzados, la violencia, los etnocidios, la ocupación, el usurpamiento, los infanticidios y toda practica vejante contra un grupo humano.

Racistas fueron los saqueadores de Abya Yala, o América, cuando revistieron de bestialidad a los aborígenes del lugar.
Racistas son los sionistas y todo el mercado cultural, intelectual y literario que los avaló por años y legitimó la crueldad en los nativos palestinos.
Racistas son los nuevos grupos xenófobos que surgieron luego de la caída del muro de Berlín tanto en Europa como en Norteamérica y que ve a la población negra, latina, árabe, india o irania como meros peones para el trabajo, la maestranza y nada más.

Racistas son también los que algunas vez (o siempre) llaman a los musulmanes: “terroristas”, “moros”, “mujamad”, “sometidas”, “refugiadas”, “beduinas”, “talibanas”, “osama”, y demás epítetos que hablan más de un prejuicio cultural antisemita (quienes poseen de lengua vernácula el árabe también pertenecen a la nomenclatura de pueblos de lenguas semíticas) que de una supuesta cordialidad para con el “crisol de razas”.

En definitiva, racistas son también los tratantes de mujeres, los que secuestran niñas y niños y los humillan, torturan, violan y asesinan solo por el hecho de quitarles la misma humanidad que ellos mismos poseen para irremediablemente vejarlos sin consecuencias morales.

Y cuidado con eso de las “etnias”, las “culturas”, las designaciones geográficas, el “occidente” versus el “oriente”, la confesión religiosa o incluso el gentilicio. Todos esos adjetivos que comúnmente se usan para designar a una personas son utilizados muchas veces como eufemismos estigmatizantes y demonizantes para evitar decir “raza”.

No hay razas entre las personas, hay que eliminar la ponzoña imperialista que produce confusión: esa noche sin estrellas de la que habló el dr. Luther King…
La especie es una y somos todos seres humanos.

semita

“La palabra “semita” fue inventada por el filólogo alemán Ludwig Schlözer, en 1781, para referirse a las lenguas que se hablaban en la antigua Canaán. No a los pueblos ni a las personas que allí habitaban.
Es una lengua madre, en términos técnicos, un protolenguaje.
Por ello nadie puede ser acusado de antisemita.”

Dr. Saad Chedid.
Sobre la antigua Palestina y el posterior enclave colonial. (2017)

 

 

(1) Para ver el Boletín Oficial de la República Argentina: https://www.boletinoficial.gob.ar/detalleAviso/primera/230279/20200608

Y a propósito del crimen contra George Floyd:

¿Qué nos revela el crimen contra George Floyd?

Que un imperio que busque sostenerse en el tiempo necesita de una fuerza institucional de choque que ordene y castigue. Y si el imperio se vuelve débil, más brutal y dañina será su fuerza.

“Cuando tu fervor se ha extinguido haces perdurar el imperio con tus gendarmes.
Pero si únicamente lo pueden salvar los gendarmes, quiere decir que el imperio está muerto.”

Ciudadela.
Antoine de Saint-Exupéry.

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Coronavirus: medios, hipocresía y sociedad

“Los peligros políticos inherentes a la utilización cotidiana de la televisión resultan de que la imagen posee la particularidad de producir lo que los críticos literarios llaman el efecto de realidad (). Este poder de evocación es capaz de provocar fenómenos de movilización social.”

Pierre Bourdieu.
Sobre la televisión.

En 1964 Herbert Marcuse escribiría su famoso ensayo titulado El hombre unidimensional, esa crítica a las sociedades modernas que encubren el paradigma atroz de la explotación del hombre por el hombre mismo. En medio de su detallada y perspicaz visión de las sociedades democráticas y liberales que esconden pedacitos de totalitarismo y tiranía, se preguntó lo siguiente: “¿Se puede realmente diferenciar entre los medios de comunicación de masas como instrumentos de información y diversión, y como medios de manipulación y adoctrinamiento?”

Hoy el pánico cunde por el virus COVID-19 que ha contagiado a unos cuantos miles y matado a otros tantos. Hoy los medios nos ponen en alerta sobre esta pandemia que no discrimina clase, color, género, ideologóa, religión, ni meridiano. Pero ¿qué sucedió con las otras pandemias, la de los países explotados por los amos de los mass media y que se han cobrado tantísimas víctimas fatales? ¿Qué han dicho esos mismos medios y cómo han actuado los protocolos de sanidad estatal?
¿Y qué sabemos nosotros?

¿Cuánta gente murió de #cólera este último tiempo? En Yemen sucede la peor epidemia de cólera de la “historia de la humanidad” pero, ¿qué periodista, qué canal de información registra diariamente esta tragedia?
Entre 2014 y 2016 se registraron oficialmente más de 11.000 muertes por el virus de #Ébola, los países intensamente afectados pertenecían a África ¿hubo algún medio apostado en Guinea o Liberia reportando el inmenso número de contagios?

#Malaria: hacia el 2018 murieron más de 270.000 niños menores de 5 años en (otra vez) África. Hubo 213 millones de africanos contagiados por este mal, ¿qué medio transmitió el peligro inminente?

#Chagas: Hay 6 millones de personas infectadas en 21 países de América Latina y se estima que 70 millones de personas están en riesgo de contraer la enfermedad. Cada año se estiman unas 7.000 muertes por este mal. ¿Se han hecho cadenas nacionales, protocolos de Sanidad o hay medios masivos preocupados por la evolución de este flagelo?

#Hambre: 8.500 niños mueren cada día de desnutrición de acuerdo a Unicef, el Banco Mundial y la OMS. Y esta es la peor enfermedad por tener cura y porque se puede erradicar del planeta.
Y, también, ésta es la tragedia con mayor indiferencia.

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Los medios masivos solo muestran lo que puede ser una fatalidad para los blanco-burgueses occidentales; las #pandemias que ocurren en Asia, en África y el la periferia de los centro de poder de latinoamericanos no tienen cabida en el tiempo televisivo.

La enfermedad, como verdadero mal digno de televisarse, es de clase.

Aprendemos a naturalizar las desgracias que le ocurren a los otros; pero no cualquier otro, sino a esos “otros” que nos son tan lejanos, tan oscuros, tan barbudos, tan salvajes y tan pobres.
Sólo cuando la tragedia puede tocarnos de cerca es que merece la atención mediática. Sólo cuando el mal no discrimina clases y colores y el contagio sucede verticalmente (de quienes más tienen a quien menos tiene) es que tenemos que realmente preocuparnos.

Tomamos conciencia de que nuestra vida corre peligro porque los medios exhiben a ricos y famosos contagiados con la misma enfermedad con la que nos contagiaremos los pobres. Nuestra solidaridad y empatía se rige a la pauta publicitaria, nuestros sentimientos y la necesidad de sentir o mostrar emoción es motivada por el ejemplo de desgracia descrita por el presentador televisivo de turno.
Reproducimos la compasión que las grandes corporaciones mediáticas producen. Somos el reflejo del minuto a minuto.

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Cada 10 minutos muere un niño por #hambre en #Yemen.
El 53 % de no tiene nada que comer y 1,8 millones de niños y niñas sufren desnutrición aguda.

Marcuse, el filósofo de la Teoría Crítica, nos lega una sentencia profética en su libro, alternando entre un llamado desesperado para recuperar aquello que nos hace humanos y abandonar el sistema que nos esclaviza, desahucia y limita: “Es preciso despertar y organizar la solidaridad en tanto que necesidad biológica de mantenerse unidos contra la brutalidad y la explotación inhumanas. Esta es la tarea. Comienza con la educación de la conciencia, el saber, la observación y el sentimiento que aprehende lo que sucede: el crimen contra la humanidad.”

Y, enfermos o no, igual padecemos el virus de la indiferencia clasista y la solidaridad selectiva: mientras sigue en aumento la desnutrición y la mal nutrición infantil y geronte tan propia de las regiones expoliadas por el colonialismo y el neoliberalismo capitalista, seguimos preocupándonos a ver qué político, actriz, futbolista o influencer social tiene coronavirus.
Y los compadecemos…


“Nadie es superior a nadie, excepto en la piedad.”

Corán.


R.Y.M.

Tanto nos dicen…

Exageradas“, nos dicen…
Femicidio no: crimen pasional“, nos dicen…
A los hombres también los matan“, nos dicen…
Ya hay igualdad de derechos“, nos dicen…
Ya pasó“, nos dicen..
Ni un piropo se les puede decir“, nos dicen…
“¿Cómo iba vestida?”, nos dicen…
Las religiones las liberan“, nos dicen…
La mujer se realiza como madre“, nos dicen…
“¿Por qué no van a pelear por las palestinas?”, nos dicen…
Las verdaderas luchadoras son nuestras madres“, nos dicen…
Apoyo las dos vidas“, nos dicen…
Ustedes no me representan“, nos dicen…
Están tan equivocadas“, nos dicen…

Y cada día aparece una niña y/o una mujer muerta. Y esa niña y/o mujer muerta es una víctima de un femicidio a manos de uno y/o varios femicidas. Y mientras que a los hombres los matan por causales como robo, ajuste de cuentas o peleas; a nosotras nos matan solo por ser mujeres. Y aunque la ley diga que hay igualdad, en la práctica seguimos estando al final de la lista y no hay lugar para nosotras.
El “ya pasó” que nunca pasa, la herida que jamás cicatriza y el dolor que debe callarse porque incomoda.
Y la verdad que a todas no nos gusta que un extraño nos diga piropos o nos acose verbalmente. La vestimenta no es causa ni legitima la violencia de género. Y tampoco se escucha seguido que algún líder religioso condene tanto femicidio y violencia contra la mujer.
La maternidad no debe ser jamás una exigencia social. Muchas mujeres pelean por otras mujeres en el mundo, incluso, más que los propios hombres. Y, por supuesto, las mujeres pelean en guerras y conflictos provocados por hombres.
Muchas personas evocan a la madre para restar valor a las luchas de las mujeres, cuando las más de las veces usan a la propia madre como sirvienta. Y hablando de vidas, en la calle hay miles de niños y adultos que también son vida y necesitan ayuda.
Es cierto que no las representamos, pero si algo les llega a suceder nosotras seremos las primeras en ir a buscarlas y marchar por ustedes.

Y los números no fallan: la estadística dice que cada 23 horas ocurre un femicidio en la República Argentina y no sabemos a cuál niña o mujer hoy le va a tocar.

Tanto nos dicen…

¿Y si prueban con callarse un poquito y nos acompañan o, al menos, dejan de estorbar?

 

R.Y.M.

"Te conduciré al igual que conduciré a aquellos hermanos míos a quienes llegase este discurso. tanto a los que viven en nuestros días como a quienes el futuro los trajera y los hiciera vivir en épocas venideras." Avempace.